Si dejáramos que nuestro Espíritu recibiera el influjo de lo divino, estaríamos permitiendo que se diera en nosotros el Orden que encontramos en la creación de la naturaleza, en que Tierra y Cielo se unen para dar paso a la armonía; vemos en ella que no hay caos, por el contrario: todo crece y vive en absoluta correspondencia, nada queda al azar, es el Orden del universo actuando.
Para que este acontecimiento sea en nosotros debemos decidirnos entrar a este camino espiritual con Cristo como Conductor y Salvador. Consagrándonos a Él permitiremos que nos transforme, y en la quietud del silencio se abrirán las puertas del Magisterio del Espíritu Santo, obrando en nuestro espíritu aquello desconocido por el intelecto, que no tiene palabras, que se vive – lo del Espíritu sólo se conoce por Espíritu- así elevaremos nuestra conciencia y veremos actuar en nosotros el Orden de lo Divino, así entenderemos y aplicaremos la Ley de JesúsCristo, la cual ha sido entregada a ésta Dispensación para conocimiento y cumplimiento de toda la humanidad; es una tarea urgente a la que estamos llamados para que algún día sean muchas las conciencias despiertas, capaces de lograr la Paz en el mundo.
Editoras.






